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La Coctelera

''Juancho Style'' o una nueva miseria musical

Algunos tenemos el infortunio de contar con un operador de cable pobre, como nosotros, que no puede incluir en su parrilla de canales aquella institución cultural del Siglo XXI que es MTV.

MTV de una y otras formas ha logrado imponer en las nuevas generaciones una forma de pensar, de vivir, de relacionarse. Un modelo sub cultural que cuenta con miles de adeptos alrededor del mundo, aceptando lo que transmite su señal y siguiéndola como inocentes borregos.

Aunque no soy uno de ellos, si acepto seguir con mórbida pasión los diferentes programas y series esquizoides, además de estar al tanto de los más recientes estrenos musicales y las mujeres hermosas que salen dizque a cantar y hacer conciertos por dos o tres meses, ganar dinero y desaparecen.

Pero como en mi operador de cable no está MTV y ya no tengo novia que tenga el añorado canal, tengo que supeditarme (cada vez que quiero ver videos o escuchar musiquita) al chileno VIA X (una especie de MTV sureño que cuenta con una buena dosis de irreverencia y lenguaje explícito, pero se circunscribe a sus limitadas expresiones de Rock nacional, ayudadas por buenos estrenos y de vez en cuando buen metal y clásicos del rock que me gustan a mí) y al famoso y prosaiquete Canal 13 chibchoeño.

Y fué precisamente viendo el Canal 13 donde (ya me empieza a dar comezón) tuve el disgusto de ver a éste ''Juancho Style'' con un video (video???) de una dizque canción que se llama ''Me falla''.

Y la verdad que a este mozuelo todo le falla, pues además de tratar de entonar esta canción y pronunciar ''me faia'' en lugar de 'falla' (guácala) no tiene el menor mérito musical. Ni el más bajo. El dizque video transcurre en una especie de casa en ruinas (semblanza de la ruina decadente de donde procede su música), donde el hombrecito frunce el ceño, como si fuera Pavarotti, o como si se estuviera esforzando al cantar este arremuesco de canción. Una más que encaja en la tendencia nauseabunda del Reguetón.

Se que no es culpa del Canal 13, ni más faltaba, pero este ''Juancho x'', que tiene un gran parecido con un primo mío que es ayudante de chofer, no se merece ser tocado en ninguna emisora y no entiendo como carajos las chiquillas se atreven a cantar y a afirmar sin pudor ...''que canción tan linda''. Pronunciar su nombre y el de su canción equivale casi a decir una vulgaridad.

Maldita sea, necesito soluciones, cada día me enfermo más, de verdad que cosas como ésta hacen que se nuble mi intención de ser buena persona y que mi cordura ''faie''.

Al diablo ''Juancho Style'': maldito seas!!!!

PD: Lo escribo con mayúsculas por que soy respetuoso del idioma, de hecho, él no se las merece.

Mi lucha contra el Alcohol. El más reciente clásico lo ganó el alcohol.

Es bastante jodido vivir en una sociedad que erige como uno de sus pilares en la construcción de relaciones al alcohol.

En cuanta pendejada que se hace, debe haber alcohol.

Los niños no saben ni siquiera lo que pasa, pero a los padres no les importa, se emborrachan en primeras comuniones, bautizos, etc.

Licor en el colegio, la universidad, la oficina. La casa.

Un trago parece ser la principal muestra de afecto entre los amigos y no amigos.

Se presenta como la mejor forma de lubricar las conversaciones, las relaciones, pero lo único que hace es entorpecerlas, dañarlas.

Y salir a beber cada 8 días?... por qué? La rumba cada semana es igual.

Ya nadie sabe apreciar los buenos tragos, conversados, buena música.

Me he convertido en un borrachín sin saberlo.

Anoche fue lo peor. Hasta bailé merengue. De la salsa no me quejo, me gusta, pero cuando ando en ese plan de ''rumbiar''.

Me pegué una jinchera !!!!! De hecho, llevé a cabo un par de hechos bastante cuestionables, que no vale la pena mencionar. Como siempre, con quien al parecer es mi mejor amigo.

Pero como en los blogs se puede escribir cualquier pendejada y para rematar este es el mio....

Ya se me está quitando el guayabo.

Pueblo de Texas (Estados Unidos) cambió su nombre por el de una empresa de televisión satelital

Por unanimidad, los habitantes de Clark aceptaron el nuevo nombre a cambio de 10 de años de suscripción gratuita.

"Dish TV, presentando desde Dish, el pueblo"... Así deberá sonar pronto, en alguna emisión en vivo, una transmisión desde este pueblo.

El alcalde Bill Merritt dijo que a la reunión de la Alcaldía para votar el cambio de nombre acudió mucha gente que aprobó por unanimidad la propuesta.

"Estoy seguro de que hay algunas personas que le tienen cariño al nombre (Clark) como el hombre que fundó el pueblo y lo nombró así–dijo Merritt–. Pero en la reunión del martes no hubo posiciones en contra".

El pueblo hizo el cambio por un ahorro de apenas 50 dólares mensuales por hogar, dijo Merritt. Pero la esperanza es que la publicidad y ese beneficio atraigan más residentes.

"La segunda parte es vendernos: vengan y obtendrán algo por eso", indicó. La mejor parte del contrato, sostiene Merritt, es que la televisión gratis será extendida a todos los que se muden a Dish y a cualquier tierra anexada al pueblo.

Como beneficio adicional, el pueblo tiene señales financiadas, por supuesto, por Dish Network, que recibe a cambio que cada vez que se nombre el pueblo se asociará con su marca.

El nuevo sistema tiene controles que les permitirán a los padres limitar los canales que pueden ver sus hijos.

AFP

Nuevamente, lo saqué de El tiempo

Yo, contra el reguetón

A mis 25 años he tenido la oportunidad de conocer un sinnúmero de ritmos que acompañan las largas noches y las ‘juergas’ de los rumberos.

Recuerdo con cierta nostalgia algunos temas de nuestro singular trópico, teniendo en cuenta que en los últimos años hemos experimentado una explosión de ‘artistas’ que quieren imponerse entre las preferencias de bares y discotecas con sus novedosos ritmos musicales.

Vienen a mi mente entre muchos otros el ‘aserejé’, el ‘carrapicho’ (sic), el fugaz ‘baile de la botella’, el ‘baile del perrito’ de uno de los Vargas, los variados merengues ‘hip-hop’ de los extintos Proyecto Uno y Sandy & Papo, entre tantos otros; y aprovechando la oportunidad, confieso además haber sido uno de los entusiastas que saltaban a la pista para hacer coreografías chuecas a ritmo de ‘el General’ y su inolvidable meneíto. Todos aquellos recuerdos un tanto gratos, pues traían cierta alegría y mal que bien, animaban las fiestas.

No obstante, últimamente me han causado cierto escozor y aversión algunos ritmos de nuestra costa Caribe como la famosa ‘champeta’, cuyos intérpretes se tomaban la molestia de meter marranos a los estudios de grabación, con el maquiavélico fin de incorporar sus desagradables sonidos a los temas que posteriormente pretendían hacer gozar a los animados costeños y con alguna suerte a un buen número de bailarines en el interior del país.

Pero si puede existir algo peor que escuchar a un marrano en una discoteca es la leviatánica mixtura de letras, cantantes y sonidos que componen el grotesco ‘reguetón’ (o como quiera que se escriba).

No se si es el paso de los años, haber terminado la Universidad y andar en procura de nuevas metas, pero ningún otro ritmo en épocas pasadas me ha provocado tanta repulsión, indisposición e incluso malestar físico como el ‘reguetón’.

Quizás sus videos llenos de ‘modelos’ celulíticas y siliconudas, pegando sus culos grandes contra las cámaras; o sus cantantes barrigones, muecos, con sus voces de pregonero de periódico, quienes no tienen mayor mérito que inventar infinitos sinónimos al trasero y el acto sexual; o quizás sus letras lascivas y subidas de tono, que al despuntar el siglo XXI y luego de un largo y profundo trasegar, devuelven a la mujer a su crudo e inmerecido papel de exclusivo objeto sexual.

Podría seguir enumerando razones, pero no puedo, no soy un escritor consumado. Sin embargo, para continuar, la rabia y profunda aversión que en mí suscita este particular ritmo caribeño se acentuó aún más en la pasada temporada de vacaciones, cuando luego de una fugaz visita a la capital vallecaucana descubrí que en cada emisora, en cada almacén de ropa a $20.000, en cada restaurante y en cada sitio de ‘rumba’ que tuve el infortunio de visitar, conocer o transitar, el reguetón ocupaba lugares preferenciales.

Y es más aún escalofriante que los niños, promediando los 5 años están aprendiendo a corear ‘fue un placer tenerte en mi cama’, ‘voy a besuquearte toda’, ‘mueve tu trasero grande’, o ‘tócame la chocha’ antes de aprender como suena la ‘p’ con la ‘a’.

Conciente de ganarme la antipatía de los lectores (si es que los hay para este texto), me atrevo a decir que sólo sociedades maltrechas, torcidas y chambonas como la nuestra podrían tener como sus ídolos a los cantantes, considerar como número uno sus canciones y legitimar en sus noches de entretención una tendencia musical tan precaria como ésta.

Corta vida al reguetón! ... que carajo, muerte al reguetón!